domingo, 27 de diciembre de 2009
domingo, 20 de diciembre de 2009
El señor "corregidor" Arturo Valenzuela y los tilingos
“El tilingo es al guarango lo que el polvo de la talla al diamante… Pero digamos que en el guarango está contenido el brillante, en el tilingo nada. El guarango es la cantidad sin la calidad. El tilingo es la calidad sin el ser. El guarango pisa fuerte, el tilingo se desliza. Por eso el tilingo es un producto típico colonial. Los imperios dan guarangos.”
Arturo Jauretche
Como en la América colonial de hace unos siglos, pasó por estas tierras el “Sr. corregidor” Arturo Valenzuela.
Sin ser invitado, y con la guaranguería que distingue a los imperios, se permitió reunirse con referentes de la oposición, empresas de capital yanqui y lobistas de toda laya. Repartió críticas al gobierno y su rumbo social y político y ponderó a la argentina del ’96 por su “seguridad jurídica”.
Seguridad jurídica, aquella del ’96, que en otras palabras significaba que la economía argentina drenaba miles de millones de dólares a los bancos extranjeros dejándonos aquí, hambre, desocupación, industrias destruidas, economías regionales arruinadas, etc. También fue por aquellos años fue que se desarrolló en nuestro país la experiencia de la soja transgénica de la firma Monsanto, atado a un paquete tecnológico del mismo grupo, que entre otras cosas incluía el potente herbicida glifosato o, conocido también como “agente naranja” en la guerra de Vietnam con el que los EE.UU deforestaron selvas enteras y envenenaron a millones de vietnamitas.
Fue en aquellos años de menemato, que Felipé Solá era el Secretario de Agricultura y autorizaba la introducción en nuestros sistemas agrícolas de una tecnología nociva sin los debidos estudios de impacto ambiental, y sin analizar las consecuencias que vendrían sobre el desplazamiento de cultivos tradicionales, tierras de pastoreo, concentración de la tierra, promoción de la política del desierto verde, etc., el que acarrea graves consecuencias a futuro y ya son palpable hoy.
Aquel Felipe Sola y el de ahora coincidieron en el Rosedal de Palermo junto a la mesa de enlace y el famoso “arco opositor” y si bien Valenzuela no estuvo por allí, nadie puede dudar que su presencia estuvo coordinada al reclamo rural, cuyo reclamo de la “seguridad jurídica” para que se elimine el régimen de retenciones, queda desteñido ante la embestida desestabilizadora y golpista de la Sociedad Rural.
Pero algo en medio falló y estas vez las masas le fueron esquivas al campo, tal vez porque este tiende a confundir rápidamente el olor a bosta con sentimiento de patria, y a nuestro medio pelo no le interesa la patria pero y si le molesta el olor. Como sea, perdieron el efecto político que seguramente buscaban, reencontrase en el siglo XXI bajo las experiencias del pasado, reeditarse como Unión Democrática los unos y como el nuevo Braden el otro.
Pero como bien decía Jauretche, el subdesarrollo empieza siempre por un problema de mentalidad, nuestra prensa monopólica y antinacional, cubrió el bache de las masas ausentes. Se asombró mas por la “descortesía” de una presidenta con autoridad, que la prepotencia de los dichos de Valenzuela, que remitían al pasado de las cavernas neoliberal, del que nadie puede desconocer los resultados nefastos de dicho programa en nuestro país.
Como podemos deducir, la maquinaria imperial sigue intacta, el moreno conductor de la locomotora, ha demostrado en muy poco tiempo, que siempre será más fácil transitar por los rieles que le dejaron en herencia, que intentar una nueva vía. Por aquí, a falta de un programa político propio, nuestra tilinguería, cumplirá con el lamentable papel de bufón del rey.
Arturo Jauretche
Como en la América colonial de hace unos siglos, pasó por estas tierras el “Sr. corregidor” Arturo Valenzuela.
Sin ser invitado, y con la guaranguería que distingue a los imperios, se permitió reunirse con referentes de la oposición, empresas de capital yanqui y lobistas de toda laya. Repartió críticas al gobierno y su rumbo social y político y ponderó a la argentina del ’96 por su “seguridad jurídica”.
Seguridad jurídica, aquella del ’96, que en otras palabras significaba que la economía argentina drenaba miles de millones de dólares a los bancos extranjeros dejándonos aquí, hambre, desocupación, industrias destruidas, economías regionales arruinadas, etc. También fue por aquellos años fue que se desarrolló en nuestro país la experiencia de la soja transgénica de la firma Monsanto, atado a un paquete tecnológico del mismo grupo, que entre otras cosas incluía el potente herbicida glifosato o, conocido también como “agente naranja” en la guerra de Vietnam con el que los EE.UU deforestaron selvas enteras y envenenaron a millones de vietnamitas.
Fue en aquellos años de menemato, que Felipé Solá era el Secretario de Agricultura y autorizaba la introducción en nuestros sistemas agrícolas de una tecnología nociva sin los debidos estudios de impacto ambiental, y sin analizar las consecuencias que vendrían sobre el desplazamiento de cultivos tradicionales, tierras de pastoreo, concentración de la tierra, promoción de la política del desierto verde, etc., el que acarrea graves consecuencias a futuro y ya son palpable hoy.
Aquel Felipe Sola y el de ahora coincidieron en el Rosedal de Palermo junto a la mesa de enlace y el famoso “arco opositor” y si bien Valenzuela no estuvo por allí, nadie puede dudar que su presencia estuvo coordinada al reclamo rural, cuyo reclamo de la “seguridad jurídica” para que se elimine el régimen de retenciones, queda desteñido ante la embestida desestabilizadora y golpista de la Sociedad Rural.
Pero algo en medio falló y estas vez las masas le fueron esquivas al campo, tal vez porque este tiende a confundir rápidamente el olor a bosta con sentimiento de patria, y a nuestro medio pelo no le interesa la patria pero y si le molesta el olor. Como sea, perdieron el efecto político que seguramente buscaban, reencontrase en el siglo XXI bajo las experiencias del pasado, reeditarse como Unión Democrática los unos y como el nuevo Braden el otro.
Pero como bien decía Jauretche, el subdesarrollo empieza siempre por un problema de mentalidad, nuestra prensa monopólica y antinacional, cubrió el bache de las masas ausentes. Se asombró mas por la “descortesía” de una presidenta con autoridad, que la prepotencia de los dichos de Valenzuela, que remitían al pasado de las cavernas neoliberal, del que nadie puede desconocer los resultados nefastos de dicho programa en nuestro país.
Como podemos deducir, la maquinaria imperial sigue intacta, el moreno conductor de la locomotora, ha demostrado en muy poco tiempo, que siempre será más fácil transitar por los rieles que le dejaron en herencia, que intentar una nueva vía. Por aquí, a falta de un programa político propio, nuestra tilinguería, cumplirá con el lamentable papel de bufón del rey.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Dia del Petroleo Nacional
En el día del Petroleo Nacional, es una buena oportunidad para recordar a un patriota como el Gral. Enrique Mosconi.
Su legado histórico nos pone de manifiesto que, la voluntad es la única con capacidad de transformación verdadera.
Hoy debemos planter la Soberanía Energética desde la integración regional, articulando las diferentes potencialidades y experiencias, pero con el mandato fundamental de ser el eje de liberación para nuestros pueblos de latinoamérica. (al visualizar desconectar la barra de sonido del blog)
Su legado histórico nos pone de manifiesto que, la voluntad es la única con capacidad de transformación verdadera.
Hoy debemos planter la Soberanía Energética desde la integración regional, articulando las diferentes potencialidades y experiencias, pero con el mandato fundamental de ser el eje de liberación para nuestros pueblos de latinoamérica. (al visualizar desconectar la barra de sonido del blog)
sábado, 5 de diciembre de 2009
Cuando Macri no se equivocó
Macri, no se equivocó, ni es un “boludo” como lo calificó Luis Juez.
“Nos equivocamos porque hacemos” dice Mauricio. Pero todos sabemos que no se equivocó.
Macri adopta la sentencia nunca dicha por Maquiavelo, pero que fuera la nefasta filosofía de los organizadores del golpe del ’76 de: “el fin justifica los medios”. Es decir al supuesto reclamo de la ciudadanía de Capital Federal de contar con una policía metropolitana le sumaría una serie de errores producto de alcanzar el objetivo socialmente demandado.
Pero sabemos que todo proyecto, no empieza por el final, sino que se configura y reconfigura cada vez en el tránsito de los instrumentos por el que alcanzar las metas. Al decir Aldus Huxley, “la naturaleza de los medios determina su fin”.
Por ello no hay error en la elección del Fino Palacios, Ciro James, Chamorro o Burzaco, todos acreditan un historial que los alejan de cualquier posibilidad de constituir una fuerza policial moderna y al servicio de la comunidad. Desde embarrar la investigación en el caso Amia del fino Palacios, hasta el asesoramiento que Burzaco brindaba al gobierno de Jorge Sobisch, al momento del fusilamiento del docente Carlos Fuentealba, hay un plan bien concebido y orquestado por la derecha. Es por ello que la corporación mediática ha bombardeado, luego del conflicto con el campo, con el tema de la seguridad. El apologismo esgrimido por algunos periodistas con él: “que esperamos, nos están matando de a uno”, deja en claro que a la hora de la disputa política en defensa de sus intereses monopólicos, han abandonado hasta el último atisbo de ética social y política.
El botón de muestra es el funcionamiento de la UCEP que, dependiendo del Ministerio de Desarrollo Social de la ciudad, está abocada al desalojo violento, robo y torturas de los indigentes y desamparados de la capital.
Jamás hubo error alguno en la concepción de la fuerza policial metropolitana. La naturaleza de su concepción está en los medios para instrumentarla. Side paralela y fuerza de choque para la represión de la protesta social son los ratios mínimos sobre una fuerza armada, cuyo destino estará ligado indisolublemente al devenir político de la derecha política.
Ya sin poder acudir a las tradicionales fuentes del poder armado y la obsolescencia del recurso de la “mano dura” a lo Rucauff, la derecha crea sus escuadrones de guardias blancas. Es conocido el rol que le cupo a la Policía Metropolitana de Caracas en el golpe de estado del 11 de Abril de 2001 en Venezuela que pretendía derrocar al presidente Hugo Chaves.
Coordinados desde vértices políticos, los mismos que amparan el golpe en Honduras, la derecha argentina prepara su movimiento de pinzas para derrotar el Proyecto Nacional y Popular.
Duhalde, detrás de su movimiento productivo concentra fuerza con el campo y la UIA, proponiendo el retorno al esquema neoliberal del bipartidismo llamando a expulsar a los infiltrados (Kirchner). Diatriba que no suena para nada ingenua de quien fuera el responsable político de los sucesos de Puente Pueyrredon que terminara con la muerte por fusilamiento de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Esto, y la conformación de un ejército que garantice poder de fuego, la derecha define su táctica política en detener la movilización, social, política y económica, tanto en sus aspectos materiales como simbólicos de los sectores populares.
Hoy la Nación atraviesa por un momento crucial. O se avanza en grados creciente de autonomía e integración regional y soberanía política o, retrocedemos a los esquemas conocidos del neoliberalismo y la subordinación a potencias declinantes. Solo el primero de los destinos puede garantizar la inclusión de millones de compatriotas a condiciones dignas de vida. Lo otro es conocido y lo padecimos durante los últimos 30 años. Estamos llamados a librar quizá la más dura de las batallas, la de la información, la cultura y las ideas, porque debemos ganar en conciencia histórica si queremos avanzar, pero sobre todo debemos ganar en los corazones del pueblo movilizado, si entonces queremos vencer.
“Nos equivocamos porque hacemos” dice Mauricio. Pero todos sabemos que no se equivocó.
Macri adopta la sentencia nunca dicha por Maquiavelo, pero que fuera la nefasta filosofía de los organizadores del golpe del ’76 de: “el fin justifica los medios”. Es decir al supuesto reclamo de la ciudadanía de Capital Federal de contar con una policía metropolitana le sumaría una serie de errores producto de alcanzar el objetivo socialmente demandado.
Pero sabemos que todo proyecto, no empieza por el final, sino que se configura y reconfigura cada vez en el tránsito de los instrumentos por el que alcanzar las metas. Al decir Aldus Huxley, “la naturaleza de los medios determina su fin”.
Por ello no hay error en la elección del Fino Palacios, Ciro James, Chamorro o Burzaco, todos acreditan un historial que los alejan de cualquier posibilidad de constituir una fuerza policial moderna y al servicio de la comunidad. Desde embarrar la investigación en el caso Amia del fino Palacios, hasta el asesoramiento que Burzaco brindaba al gobierno de Jorge Sobisch, al momento del fusilamiento del docente Carlos Fuentealba, hay un plan bien concebido y orquestado por la derecha. Es por ello que la corporación mediática ha bombardeado, luego del conflicto con el campo, con el tema de la seguridad. El apologismo esgrimido por algunos periodistas con él: “que esperamos, nos están matando de a uno”, deja en claro que a la hora de la disputa política en defensa de sus intereses monopólicos, han abandonado hasta el último atisbo de ética social y política.
El botón de muestra es el funcionamiento de la UCEP que, dependiendo del Ministerio de Desarrollo Social de la ciudad, está abocada al desalojo violento, robo y torturas de los indigentes y desamparados de la capital.
Jamás hubo error alguno en la concepción de la fuerza policial metropolitana. La naturaleza de su concepción está en los medios para instrumentarla. Side paralela y fuerza de choque para la represión de la protesta social son los ratios mínimos sobre una fuerza armada, cuyo destino estará ligado indisolublemente al devenir político de la derecha política.
Ya sin poder acudir a las tradicionales fuentes del poder armado y la obsolescencia del recurso de la “mano dura” a lo Rucauff, la derecha crea sus escuadrones de guardias blancas. Es conocido el rol que le cupo a la Policía Metropolitana de Caracas en el golpe de estado del 11 de Abril de 2001 en Venezuela que pretendía derrocar al presidente Hugo Chaves.
Coordinados desde vértices políticos, los mismos que amparan el golpe en Honduras, la derecha argentina prepara su movimiento de pinzas para derrotar el Proyecto Nacional y Popular.
Duhalde, detrás de su movimiento productivo concentra fuerza con el campo y la UIA, proponiendo el retorno al esquema neoliberal del bipartidismo llamando a expulsar a los infiltrados (Kirchner). Diatriba que no suena para nada ingenua de quien fuera el responsable político de los sucesos de Puente Pueyrredon que terminara con la muerte por fusilamiento de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Esto, y la conformación de un ejército que garantice poder de fuego, la derecha define su táctica política en detener la movilización, social, política y económica, tanto en sus aspectos materiales como simbólicos de los sectores populares.
Hoy la Nación atraviesa por un momento crucial. O se avanza en grados creciente de autonomía e integración regional y soberanía política o, retrocedemos a los esquemas conocidos del neoliberalismo y la subordinación a potencias declinantes. Solo el primero de los destinos puede garantizar la inclusión de millones de compatriotas a condiciones dignas de vida. Lo otro es conocido y lo padecimos durante los últimos 30 años. Estamos llamados a librar quizá la más dura de las batallas, la de la información, la cultura y las ideas, porque debemos ganar en conciencia histórica si queremos avanzar, pero sobre todo debemos ganar en los corazones del pueblo movilizado, si entonces queremos vencer.
domingo, 29 de noviembre de 2009
La identidad digital debe ser Nacional y Popular
El siglo XXI se inicia bajo un nuevo paradigma tecnológico-político-programático, basado en el desarrollo de la tecnologías de la informática y la comunicación, que reemplaza a aquel que forjado en la metalmecánica, surgiera al finalizar la IIº Guerra Mundial, bajo el predominio de los EE.UU.
Este nuevo paradigma coincide e incide a su vez, con la onda en crecimiento de lo que en economía se denomina ciclos Kondatrief (ciclo económico de 50 años aprox.), es decir, que tecnología y comunicación son motor y causa del cambio, actuando sobre los factores reales de la economía y el desarrollo, reemplazando al simple esquema contable financiero de la etapa neoliberal. Y esto, de cara al futuro abre un mundo de expectativas.
En los planos pragmáticos del comercio, el intercambio y la actividad lúdica, se alterarán hacia una “zona de oportunidades” muy promisoria, si a la vez se es capaz de consolidar los intercambios horizontales rehuyendo a las corporaciones informáticas y avanzando en por ejemplo, el software de código abierto o libre, o el desarrollo con una fuerte presencia del Estado como inversor y promotor de la producción de hardware nacional.
Sin embargo dentro de este paradigma existe una dimensión mucho más compleja, que contiene oportunidades pero también las tensiones de un mundo que se debate entre la unipolaridad que ejercen los EE.UU desde la caída del muro de Berlín a un modelo multipolar, donde Latinoamérica juega decididamente en su favor.
Es la dimensión de los contenidos que circulan en la red y los factores culturales que los promueven, donde se está librando una de las batallas más importantes. Es la batalla de las ideas, el desarrollo de espacios simbólicos donde lo viejo, el neoliberalismo, se enfrenta a lo nuevo que emerge de las necesidades materiales y simbólicas de los pueblos oprimidos, que hoy empiezan ejercer su independencia política y la soberanía de sus decisiones. Es lo que han dado en llamar Guerra de 4º Generación. En nuestro país se libró una de las batalla más intensas con la instauración de la nueva Ley de Medios Audiovisuales que, termina con los monopolios mediáticos y otorga una mayor presencia al Estado y a su vez democratiza en la sociedad la posibilidad de producir y comunicar sin el dominio excluyente del factor comercial.
Desde el punto de vista político, a Internet se la suele asociar con el ejercicio de la ciudadanía, con la democratización de ciertas esferas de decisiones, y con un rol integrador desde el punto de vista social. Y no es que estemos desconformes con esta interpretación, solo que es posible que funcione bien en sociedad integradas y homogéneas, con tradiciones vinculadas a sus particulares procesos históricos.
Por el contrario, nuestra realidad proviene de sociedades fragmentadas, con una cinergética impulsada a golpes de estado y neoliberalismo por décadas, que centrifugó la realidad social a la dispersión y el aislamiento, destruyendo las identidades simbólicas junto con las capacidades productivas.
Por ello entendemos que debemos apropiarnos de esta herramienta, con un sentido positivo y a la vez relativo, que responda a nuestras necesidades e idiosincrasias, dotándola de contenidos que recuperen nuestra mejor tradición libertaria, pensando a estas nuevas herramientas desde la categoría de Pueblos, para desarrollar los procesos en forma colectiva y no individual. Donde la frontera política se haga presente para construir la hegemonía necesaria sobre la identidad popular a partir de la pluralidad de demandas democráticas (E. Laclau). De ello emergerá una identidad digital basada en el compromiso, la solidaridad y la militancia.
Es decir nutrir a esta poderosa herramienta con el sino de la política que es la organización, que en definitiva, es lo único que vence al tiempo. Juan José Hernández Arregui postulaba que: “la verdadera Patria es el idioma”, hacía allí debemos dirigir nuestro esfuerzo en este espacio mediático, construir cultura para vencer al tiempo y en el tiempo, para no estar condicionado por la coyuntura y afianzar las conquistas sociales hasta aquí conseguidas.
Al término de la IIº Guerra Mundial, Argentina desarrollaría de la mano del peronismo, las condiciones de un país prospero y pujante con desarrollo en sus industrias, consolidado cultural y socialmente bajo el llamado Estado de Bienestar que incorporaba por primera vez a las masas a la categoría de ciudadanía soberana.
Hoy vivimos bajo condiciones semejantes, una etapa excepcional fortalecida por procesos similares en toda Latinoamérica, que se transforma en una oportunidad imperdible para que, sustentado en este nuevo paradigma, poder incorporar a aquellos compañeros que las políticas neoliberales dejaron en el camino, reconstruir las nación, fortalecer los marcos regionales y con los pueblos de otras latitudes que luchan por su independencia y soberanía, desarrollar las redes para la integración democrática , horizontal y cultural, que le posibiliten al hombre un futuro posible, humano y sobre todo sustentable.
Este nuevo paradigma coincide e incide a su vez, con la onda en crecimiento de lo que en economía se denomina ciclos Kondatrief (ciclo económico de 50 años aprox.), es decir, que tecnología y comunicación son motor y causa del cambio, actuando sobre los factores reales de la economía y el desarrollo, reemplazando al simple esquema contable financiero de la etapa neoliberal. Y esto, de cara al futuro abre un mundo de expectativas.
En los planos pragmáticos del comercio, el intercambio y la actividad lúdica, se alterarán hacia una “zona de oportunidades” muy promisoria, si a la vez se es capaz de consolidar los intercambios horizontales rehuyendo a las corporaciones informáticas y avanzando en por ejemplo, el software de código abierto o libre, o el desarrollo con una fuerte presencia del Estado como inversor y promotor de la producción de hardware nacional.
Sin embargo dentro de este paradigma existe una dimensión mucho más compleja, que contiene oportunidades pero también las tensiones de un mundo que se debate entre la unipolaridad que ejercen los EE.UU desde la caída del muro de Berlín a un modelo multipolar, donde Latinoamérica juega decididamente en su favor.
Es la dimensión de los contenidos que circulan en la red y los factores culturales que los promueven, donde se está librando una de las batallas más importantes. Es la batalla de las ideas, el desarrollo de espacios simbólicos donde lo viejo, el neoliberalismo, se enfrenta a lo nuevo que emerge de las necesidades materiales y simbólicas de los pueblos oprimidos, que hoy empiezan ejercer su independencia política y la soberanía de sus decisiones. Es lo que han dado en llamar Guerra de 4º Generación. En nuestro país se libró una de las batalla más intensas con la instauración de la nueva Ley de Medios Audiovisuales que, termina con los monopolios mediáticos y otorga una mayor presencia al Estado y a su vez democratiza en la sociedad la posibilidad de producir y comunicar sin el dominio excluyente del factor comercial.
Desde el punto de vista político, a Internet se la suele asociar con el ejercicio de la ciudadanía, con la democratización de ciertas esferas de decisiones, y con un rol integrador desde el punto de vista social. Y no es que estemos desconformes con esta interpretación, solo que es posible que funcione bien en sociedad integradas y homogéneas, con tradiciones vinculadas a sus particulares procesos históricos.
Por el contrario, nuestra realidad proviene de sociedades fragmentadas, con una cinergética impulsada a golpes de estado y neoliberalismo por décadas, que centrifugó la realidad social a la dispersión y el aislamiento, destruyendo las identidades simbólicas junto con las capacidades productivas.
Por ello entendemos que debemos apropiarnos de esta herramienta, con un sentido positivo y a la vez relativo, que responda a nuestras necesidades e idiosincrasias, dotándola de contenidos que recuperen nuestra mejor tradición libertaria, pensando a estas nuevas herramientas desde la categoría de Pueblos, para desarrollar los procesos en forma colectiva y no individual. Donde la frontera política se haga presente para construir la hegemonía necesaria sobre la identidad popular a partir de la pluralidad de demandas democráticas (E. Laclau). De ello emergerá una identidad digital basada en el compromiso, la solidaridad y la militancia.
Es decir nutrir a esta poderosa herramienta con el sino de la política que es la organización, que en definitiva, es lo único que vence al tiempo. Juan José Hernández Arregui postulaba que: “la verdadera Patria es el idioma”, hacía allí debemos dirigir nuestro esfuerzo en este espacio mediático, construir cultura para vencer al tiempo y en el tiempo, para no estar condicionado por la coyuntura y afianzar las conquistas sociales hasta aquí conseguidas.
Al término de la IIº Guerra Mundial, Argentina desarrollaría de la mano del peronismo, las condiciones de un país prospero y pujante con desarrollo en sus industrias, consolidado cultural y socialmente bajo el llamado Estado de Bienestar que incorporaba por primera vez a las masas a la categoría de ciudadanía soberana.
Hoy vivimos bajo condiciones semejantes, una etapa excepcional fortalecida por procesos similares en toda Latinoamérica, que se transforma en una oportunidad imperdible para que, sustentado en este nuevo paradigma, poder incorporar a aquellos compañeros que las políticas neoliberales dejaron en el camino, reconstruir las nación, fortalecer los marcos regionales y con los pueblos de otras latitudes que luchan por su independencia y soberanía, desarrollar las redes para la integración democrática , horizontal y cultural, que le posibiliten al hombre un futuro posible, humano y sobre todo sustentable.
viernes, 20 de noviembre de 2009
Contra el terrosrimo mediático, el antídoto es la información
En diciembre de 2001, se puso en marcha un proceso político-social, que derrotó en las calles de Argentina al modelo neoliberal. Pero recién fue en el 2003 que esas demandas sociales encontraron cabida institucional con la llegada de Nestor Kirchner al Gobierno Nacional. El proceso electoral en aquel momento, estuvo signado por la retirada del menemismo del ballotage, en lo que sería el anticipo de sucesivos intentos destituyentes y operaciones para poner fin al Proyecto Nacional y Popular. Hoy, cuando la oposición encabezada por las corporación mediática y los sectores concentrados arrecian con sus intentonas golpistas, es bueno hacernos un tiempo para una mirada retrospectiva a la etapa, para saber por donde andamos y hacia donde debemos dirigirnos, en el camino de consolidar y profundizar el modelo. El presente nos encuentra inmersos en la batalla de ideas. Las transformaciones culturales y las esperanzas de un país mejor solo serán posibles si logramos derrotar la fragmentación y dispersión informativa, pero sobre todo, al terrorismo mediático.
martes, 17 de noviembre de 2009
Por un Pensamiento Nacional y Latinoamericano
En estos tiempos de fuerte disputa política, tal como fue la sanción de la nueva Ley de Medios Audiovisuales, se ha instalado en los medios, en la "llamada oposición" y en amplios sectores de la opinión pública (aquellos mas influenciados por el poder mediático), una corriente del discurso, que reconoce su origen en el paradigma sarmientino de Civilización o Barbarie.
Si en el siglo XIX, el origen de la Civilización se radicaba en Europa y la Barbarie era la marca existencial de nuestro origen nacional, hoy, toda una suerte de diletantes mediáticos, se concentran en encontrar bondades, progreso y civilidad en tierras ajenas, nunca en nuestro país y en el actual proceso histórico que nos toca vivir.
Así para estos sofistas Brasil deslumbra con su desarrollo económico, Uruguay por su civismo democrático y Chile por su impresionante modernización. Sin embargo esta corriente no responde a una voluntad de integración latinoamericana buscando conjugar sus potencialidades, sino por el contrario, se utiliza permanentemente para descalificar el presente político por el que transitamos, y volver una vez más a erigir un ariete del pensamiento antinacional (y antilatinoamericano) que ponga fin a los procesos políticos con origen y contenido nacional y popular.
Por eso mismo, estos apologistas se abstienen de mencionar a los países hermanos de Bolivia, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Honduras porque allí los procesos políticos se emparentan con el de la tráumática Argentina del 2001, con el pueblo movilizado y enfrentando con la soberanía popular las políticas neoliberales. Su tesís no es otra que la instalada por la diplomacia del imperio británico en el siglo XIX y denunciada hasta el cansancio por Raul Scalabrini Ortiz, de dividir a Latinoamérica en republiquetas, controladas por sus oligarquías y desarticuladas de un origen y un destino común.
Nos proponemos desde aquí, entre todos, ir desentrañando este nuevo manual de zonceras, que la derecha, los sectores concentrados del poder y los que anclan en un pensamiento antinacional y antilatinoamericano intentan instalar en nuestras vidas.
Si en el siglo XIX, el origen de la Civilización se radicaba en Europa y la Barbarie era la marca existencial de nuestro origen nacional, hoy, toda una suerte de diletantes mediáticos, se concentran en encontrar bondades, progreso y civilidad en tierras ajenas, nunca en nuestro país y en el actual proceso histórico que nos toca vivir.
Así para estos sofistas Brasil deslumbra con su desarrollo económico, Uruguay por su civismo democrático y Chile por su impresionante modernización. Sin embargo esta corriente no responde a una voluntad de integración latinoamericana buscando conjugar sus potencialidades, sino por el contrario, se utiliza permanentemente para descalificar el presente político por el que transitamos, y volver una vez más a erigir un ariete del pensamiento antinacional (y antilatinoamericano) que ponga fin a los procesos políticos con origen y contenido nacional y popular.
Por eso mismo, estos apologistas se abstienen de mencionar a los países hermanos de Bolivia, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Honduras porque allí los procesos políticos se emparentan con el de la tráumática Argentina del 2001, con el pueblo movilizado y enfrentando con la soberanía popular las políticas neoliberales. Su tesís no es otra que la instalada por la diplomacia del imperio británico en el siglo XIX y denunciada hasta el cansancio por Raul Scalabrini Ortiz, de dividir a Latinoamérica en republiquetas, controladas por sus oligarquías y desarticuladas de un origen y un destino común.
Nos proponemos desde aquí, entre todos, ir desentrañando este nuevo manual de zonceras, que la derecha, los sectores concentrados del poder y los que anclan en un pensamiento antinacional y antilatinoamericano intentan instalar en nuestras vidas.
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